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Los 10 coches más difíciles de conducir del mundo

Todos ellos son un auténtico dolor de cabeza para los conductores. Afortunadamente, la mayoría ya no está en el mercado. Veamos cuáles son los 10 coches más difíciles de conducir.

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Aunque en nuestros días parezca mentira, hubo un tiempo en el que ponerse a los mandos de ciertos automóviles era todo un reto. Los avances tecnológicos que ha ido absorbiendo la industria ha permitido que, en la actualidad, manejar un vehículo sea una tarea mucho más liviana de lo que era décadas atrás, con un montón de ayudas a la conducción y funcionalidades de seguridad a disposición de los conductores.

Dicho todo esto, y para que todos valoremos lo que tenemos a nuestro alcance en la época que nos está tocando vivir, en TopDriverz vamos a hablar de los 10 coches más difíciles de conducir a lo largo de las próximas líneas. Para la suerte de los más noveles y de quienes buscan tranquilidad al volante, la inmensa mayoría ya no están en el mercado, así que veamos con “nostalgia” lo que fueron.

No os los querríais encontrar en las manos: los 10 coches más complicados

Una vez que hemos entrado en calor con la introducción de rigor a este post, es el momento de ir al grano y contar cómo eran esos 10 coches tan difíciles de manejar, aunque quizá vuestros padres ya os hayan contado batallitas sobre ellos. Al lío.

1. Citroën 2 CV

A pesar de la agilidad que pudiera aparentar gracias a sus 600 kilos de peso, lo cierto es que carecía de una suspensión lo suficientemente dura como para dar unas garantías al conductor medio cuando se ponía a su volante. A ello hay que añadir una carrocería que se inclinaba más de lo normal en cada giro y unas ruedas tan estrechas que transmitían la misma seguridad que un mono con una caja de bombas en las manos.

El Citroën 2 CV se empezó a producir en el año 1948 con el propósito de motorizar a las clases populares en el Viejo Continente tras la II Guerra Mundial. A pesar de lo que se ha comentado en el párrafo anterior, fue todo un éxito comercial, con millones de unidades vendidas durante el tiempo que estuvo en el mercado (1948-1990).

Citroën 2 CV

2. BMW 323i E21

El BMW 323i E21 era un deportivo compacto que, principalmente, carecía de elementos indispensables a día de hoy, como es el control de tracción, que a finales de la década de los 70´ y principios de los 80´ era una auténtica utopía. Tampoco le hacía un favor disponer de una tracción trasera con el carácter que tenía. Sus asientos duros no hacían que la estancia fuera lo más agradable del mundo y la conducción tenía sus cosas con un gran salto entre la segunda y la tercera marcha.

Se asociaba a una caja de cambios manual de 5 velocidades que le aportaba 143 CV de potencia y un par motor máximo de 190 Nm. La velocidad máxima que podía alcanzar era de 200 kilómetros por hora y tardaba unos 8.7 segundos en pasar de 0 a 100 km/h.

BMW 323i E21

3. Chevrolet Corvair

Otro vehículo con tracción trasera que era todo un reto para los conductores fue el Chevrolet Corvair, que tenía su propulsor colgando del eje trasero y, en consecuencia, todo su peso se trasladaba a esa parte. La consecuencia a la hora de conducirlo era una gran inestabilidad que le hacía comportarse como un péndulo prácticamente. Lo peor era cuando las gomas traseras perdían agarre, ya que eso era sinónimo de trompo.

Tampoco podía presumir de suspensión posterior, ya que su esquema tan primario hacía que los cambios de apoyo más fuertes pusieran a estudiar al conductor. Para rematar, cuando colisionaba de manera frontal, la columna de la dirección iba directamente al pecho del usuario a sus mandos. Menos mal que ha pasado más de medio siglo desde que dejó de fabricarse.

Chevrolet Corvair

4. Dodge Viper RT/10

El grupo Chrysler quiso cautivar, durante la década de los 90´, al público europeo con un deportivo que ellos consideraban refinado y muy sofisticado en el apartado técnico. Para ello, confiaron su suerte al Dodge Viper RT/10, que disfrutaba de unos poderosos 400 CV de potencia y también de un par motor máximo infinito de 626 Nm. Sin embargo, sus defectos contrarrestaban esas excelentes prestaciones que despertaban emociones.

Cuando la adherencia era escasa parecía un caballo desbocado y sin ABS era más habitual de lo normal detenerse con el gas y frenar con mucho miedo, lo que provocaba un bloqueo de las cuatro ruedas de forma brusca y acabar chocando con cualquier cosa que se pusiera por delante. Quizá con un control de estabilidad incorporado antes de que la ley lo mandase habría ahorrado varias de estas carencias.

Dodge Viper RT-10

5. Porsche 911 (1963)

En Stuttgart también se les ocurrió colocar el motor en la parte trasera de un deportivo como es el Porsche 911, pero como le pasó a otros ya comentados, eso terminó demostrándose que no era una buena idea. El sobreviraje que se producía durante la conducción era exagerado, aunque en Estados Unidos se ganó una gran fama precisamente por esa gran dificultad de conducir.

Cuando el acelerador se levantaba o el freno se activaba, el peso se trasladaba inmediatamente a la zona delantera, lo que a su vez hacía que la trasera se levantase en cada curva y su morro iba a donde el conductor le indicase con el peso suministrado ahí, pero la zaga quería ir hacia delante. Con la introducción del control de estabilidad en 1994 todo cambió para bien en este mítico coche.

Porsche 911 (1963)

6. Plymouth Hemi Cuda

Este vehículo de la década de los 70´ presumía de una mecánica increíble digna de la época: un gran motor V8 de 7.2 litros que le llevaba a disfrutar de unos 650 CV de potencia y alcanzar una velocidad punta por encima de los 225 kilómetros por hora. Un coche bonito de ver que se dotaba de frenos de tambor de hierro fundido que pasaban inadvertidos a más de 110 km/h.

Hasta aquí todo bien, pero el problema principal radicaba en que sus asientos de vinilo eran resbaladizos, carecían de sujeción lateral y eso complicaba mucho la vida al conductor a la hora de tomar una curva a izquierdas. De esta forma, podía acabar perfectamente en el asiento del copiloto si no se apretaba al máximo el cinturón de seguridad. Para evitar males mayores, sus barras de torsión presumían de grosor y evitaba que se inclinase demasiado.

Plymouth Hemi Cuda

7. Reliant Robin

Un coche de tres ruedas ya es sorprendente de por sí, y el Reliant Robin no era una excepción en absoluto. Este vehículo británico ganó especial popularidad entre la gente mayor, dado que estaba pensado para desplazarse por la ciudad a bajas velocidades. Sin embargo, su simple fisonomía con tres neumáticos solamente ya era un peligro para el conductor que lo manejara, porque cualquier curva tomada a más velocidad de la debida era sinónimo de vuelco.

Para más curiosidad si cabe, en el Reino Unido estaba catalogado como una motocicleta, lo cual no era una casualidad viendo la inestabilidad que le lastraba. Eso sí, con el paso del tiempo, las esquinas de su carrocería recibieron refuerzos para tratar de contrarrestar esas carencias.

Reliant Robin

8. Renault Dauphine

El coloquialmente conocido como “El Coche de las Viudas” en España no podía faltar en este listado. El Renault Dauphine llegó al mercado en el año 1956 y recibía distintos nombres (Ondine o Gordini) en función del mercado en el que se movía. Como tantos otros explicados a lo largo de estas líneas, uno de sus pecados fue colocar el motor en el eje trasero, el cual era diminuto y le costaba sangre, sudor y lágrimas pasar de 0 a 100 kilómetros por hora: lo hacía en medio minuto.

El mote con el que hemos empezado su descripción se debe al comportamiento tan extraño de su suspensión trasera a la hora de congeniar con el propulsor longitudinal ubicado en la misma zona. Esto se traducía en acuñamiento, es decir, que la fuerza centrífuga superaba al peso del coche y que hacía girar a la rueda exterior sobre sí mismas en los apoyos a la hora de tomar curvas.

Renault Dauphine

9. Tatra 87

El Trata 87 es conocido por muchos como el precursor del Volkswagen Escarabajo. Vino al mundo en el año 1936 y el mítico coche del pueblo decidió nutrirse de sus formas y el diseño de su motor posterior. Llevaba a bordo un V8 refrigerado por aire y la suspensión oscilante de algunos de por aquí. No le faltaba velocidad, pero la inestabilidad le lastraba. Como curiosidad, los Nazis lo llamaban “El Arma Secreta de los Checos” debido a los muchos oficiales germanos que perdían la vida cuando se ponían a conducirlo.

Tatra 87

10. Trabant 601 (1963)

Para acabar con este post, vamos a hablar de un coche que, a diferencia de varios explicados, contenía suspensión delantera. El Trabant 601 tuvo éxito en la Alemania Oriental, con casi 3 millones de unidades producidas, cimentado en la garantía que ofrecían varias de sus prestaciones a cambio de un precio accesible para la población.

Sin embargo, tenía lo peor de la tracción delantera (subviraje, un mayor desgaste en las ruedas delanteras que en las traseras, cierta dificultad para tomar curvas) y se resquebrajaba en cuanto sufría un choque.

Trabant 601 (1963)
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