Pastillas de freno: cómo saber cuándo toca cambiarlas

Hay partes del coche que sabemos mejor cuándo hay que cambiarlas, como los neumáticos o una luna rota. Sin embargo, no es tan obvio saber cuándo hay que cambiar las pastillas de freno, así que expondremos los síntomas que nos indican que ya es hora de un cambio.
Pastillas de freno

El grupo Estopa nos dejó un súper hit llamado Pastillas de freno, que rezaba así: pastillas de freno, a toda pastilla, salpicadero…

Este artículo no trata de cuándo hay de pasar esta canción, que es una cruda denuncia de los trabajos basura. Dejemos que la canción (temazo) siga sonando y centrémonos en las otras pastillas de freno. Las del coche. Todos sabemos que existen, pero... ¿tenemos claro qué son, cómo actúan y cuándo hay que cambiarlas? Vamos a verlo.

Las pastillas de freno son la parte esencial del sistema de frenado porque son las encargadas de proporcionar la fricción necesaria a los discos de freno para que, cuando apretamos el pedal, nuestro coche se detenga. Naturalmente, es imprescindible que, si queremos que la frenada no solo exista, sino que sea óptima, las pastillas de freno deben estar en buen estado. Si no, la distancia de frenado aumenta y podríamos sufrir sobrevirajes que no queremos por calcular mal las distancias y frenar a destiempo.

Por tanto, no es una campaña de los vendedores de pastillas de freno, sino que es nuestra responsabilidad cambiarlas periódicamente para garantizar nuestra seguridad. El problema no es que sufran averías, el problema es que, con el uso, se desgastan. Y si se desgastan, se tienen que cambiar. Además, unas pastillas de freno desgastadas pueden provocar daños en los discos de freno, lo que conlleva una avería mucho más costosa de reparar.

¿Qué son las pastillas de freno?

Las pastillas de freno son las encargadas de hacer la fricción con el disco de freno para asegurar la frenada. Normalmente, un coche está equipado con dos pastillas de freno por cada disco de freno, o sea, un juego de cuatro pastillas de freno por eje trasero y delantero. Están formadas por dos elementos esenciales: un material prensado y un soporte metálico. El soporte sirve de base para su colocación y sujeción.

El material prensado detiene el coche, mediante la fricción contra los discos de freno, lo que causa su desgaste. Las hay de diferentes materiales: semimetálicas, orgánicas, bajas en metal y de cerámica. No obstante, en el artículo de hoy nos centraremos en detectar la sintomatología que nos indica que debemos cambiarlas por el bien de nuestra seguridad.

Señales y sospechas: cuándo cambiarlas

No existe un número exacto de kilómetros que nos permita determinar cuándo cambiar las pastillas. Hay expertos que dicen 10.000km, otros 20.000km, otros 40.000km... etc. La verdad es que hay dos formas de saberlo: con las señales que nos da el coche o yendo al mecánico a que nos hagan una revisión.

1. El freno empieza a chillar cuando frenas

Los frenos pueden chillar porque las pastillas están muy desgastadas, con lo que se activa en algunos coches un testigo metálico que produce un sonido agudo y metálico al frenar. Así sabemos que ya casi están terminadas. También pueden chillar cuando se llega a la parte metálica del soporte. El metal contra el metal produce estos chirridos estruendosos.

A veces, los frenos hacen ruidos incluso con pastillas recién puestas. Esto depende del estilo de conducción y el compuesto de las pastillas. No obstante, es mejor prevenir que curar y, si notamos algo raro, debemos revisarlo.

2. El pedal se ha reblandecido

Todo conductor termina por conocer el tacto de sus pedales. Así que es fácil detectar cuando el pedal del freno se ha reblandecido o se ha vuelto esponjoso. Hay muchas causas para este efecto. Puede tratarse de unas pastillas muy gastadas, que falta líquido de frenos por alguna fuga, la presencia de aire en el sistema de frenado o un defecto en la bomba de frenos.

Si hay cualquier de estos problemas, tenemos que acudir rápidamente al mecánico. Si es un problema en las pastillas es grave, si es en el líquido de frenos u otra cosa, también. Recordad que el líquido de frenos también es importante porque es el que transmite la presión. No se comprime, pero absorbe humedad ya que es higroscópico. Se comprimen las burbujas de vapor y pueden producir esa sensación de ablandamiento en el pedal.

El problema de este síntoma es que quizá muchos conductores puedan pensar que son tonterías suyas y que al coche no le pasa nada, lo cual sería un error fatal.

3. El recorrido del freno se alarga

Si las pastillas están gastadas, tendrás que hundir más el pedal porque el espesor es más bajo. La frenada se alarga en consecuencia. Es evidente que hay muchos factores que puedan provocar un alargamiento de la frenada. El terreno, el peso excesivo del coche, la suspensión o unos neumáticos desgastados. Por eso, tenemos que considerar si hemos notado alguno de los síntomas anteriores o se ha activado alguno de los testigos, y, si consideramos que nuestro coche está en buen estado y que las circunstancias exteriores no son malas, tendremos que pensar en los frenos.

Para que la frenada funcione de manera efectiva, la transmisión de la fuerza tiene que ser la adecuada. En este proceso, el servofreno y el líquido de frenos son claves, y la combinación del disco con la pastilla tiene que funcionar de manera óptima. Si una de estas dos últimas piezas está desgastada en demasía, la eficacia se reduce y, por tanto, la distancia de frenada aumenta. Además, debemos contar con la posibilidad de sufrir derrapes que no deseamos.

4. El pedal está muy duro

El servofreno es uno de nuestros aliados a la hora de frenar. Es un servicio de asistencia técnica que multiplica la fuerza que aplicamos al pedal y envía más presión al circuito de frenos y al sistema. La frenada es mucho más efectiva. Antes, cuando no había el servofreno, toda la fuerza para detener el coche la hacía el conductor, con lo que la frenada dependía al cien por cien de la potencia de la pisada.

Si el pedal se endurece, eso quiere decir que ha habido un problema en el servofreno. Debemos acudir de inmediato al mecánico para que nos revisen todo el sistema de frenado, por si no solo es el servofreno y hay otras partes afectadas, como las pastillas.

5. Se enciende el testigo de los frenos

Los coches actuales tienen un sistema de detección de problemas en los frenos. Si se enciende en la cabina del conductor el testigo de frenos o del ABS es que hay un problema serio y la alerta no se puede ignorar, ya que el peligro de accidente es real. Debemos acudir inmediatamente al mecánico para que nos revise y arregle el problema. Uno de los problemas más usuales son las pastillas de freno.

6. Se enciende el testigo de líquido de frenos

Puede pasar que este testigo, que normalmente se enciende cuando hay fugas o falta líquido de frenos, nos indique un desgaste en las pastillas, ya que, si están desgastadas, tardan más en hacer la fricción y el coche suelta más líquido de frenos de lo normal.

7. Comprobación del mecánico

En cualquier revisión rutinaria del coche, podemos pedirle al mecánico, si no lo hace él directamente, que nos mire las pastillas. Si son inferiores a 2mm, deberíamos hacer el cambio porque, si no, podríamos forzar la llegada a la parte metálica de la pastilla. Eso sería problemático. Si todavía sirven, podemos mirar de calcular su vida útil en base al kilometraje hecho.

Las pastillas de freno delanteras se desgastan más que las traseras. También podemos comprobar por nosotros mismos su estado si desmontamos una rueda y mirar el disco de freno. Verás la pastilla allí: las pastillas nuevas tienen un espesor de 30mm. Cuando baje de los 10mm, ya empieza a ser necesario cambiarlas, aunque puedan aguantar más tiempo. Como en mejor estado estén, mejor será la frenada.

Cambiarlas cuesta entre 50 y 220 euros y el mecánico tardará una media hora. Como es una cosa que se hace cada cierto tiempo, no nos dolerá tanto al bolsillo. En todo caso, cuando toque hacerlo, se tiene que hacer, porque es nuestra seguridad la que está en juego. Cambiadas las pastillas, en los 100 primeros kilómetros, tenemos que intentar frenar de forma suave para asegurarles una buena vida útil.

El remedio somos nosotros

Con estas alarmas podremos detectar si nuestro coche tiene un problema en las pastillas de freno. Ya sabemos que las tendrás que cambiar tarde o temprano, a no ser que no uses demasiado el coche. Lo importante, empero, es que si no quieres cambiarlas muy a menudo tienes que aprender a realizar una conducción menos agresiva y frenar de forma tranquila y adecuada.

No debemos hacer frenadas demasiado prolongadas en bajadas largas y puertos de montaña y no aceleremos mucho cuando sepamos que después tendremos que frenar de repente, por ejemplo, en casos de radar de carretera.

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