Jack Brabham: biografía del tricampeón de la Fórmula 1

No siempre la Fórmula 1 ha estado tan profesionalizada y tecnológica como en la actualidad. De ello puede dar fe el australiano Jack Brabham, que trabajó mucho para ser campeón y convertirse en leyenda.

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La historia que acompaña a cada vencedor del título de Fórmula 1 está llena de curiosidades. Unas más acentuadas que otras por el paso del tiempo y los cambios que ha experimentado el paddock y la sociedad en general, pero que no dejan de llamar la atención ni de tener un carácter inspirador.

La del protagonista que va a aparecer a lo largo de las próximas líneas es digna de contar por el contraste que supone en comparación con lo que vemos hoy en día en las carreras. Y es que en TopDriverz vamos a contar la historia de Jack Brabham, el único campeón que puede decir que fabricó su propio coche para después ganar el campeonato.

Biografía de Jack Brabham (1926 - 2014)

Tras esta breve introducción, es el momento de ir desgranando la biografía de Jack Brabham y todo lo que hizo en el Gran Circo, que fue muchísimo y da para una buena película.

Inicios y desembarco en la F1

John Arthur Brabham, más conocido como Jack Brabham, nació el 2 de abril del año 1926 en Hurstville (Australia), muy cerca de Sidney. Creció entre motores y coches, de hecho antes de llegar a la F1 trabajó como ingeniero, en garajes y sirvió en Adelaida a las Fuerzas Aéreas del ejército australiano en la división Bristol Beautyfighters. Una labor que dejó allá por 1947 para enfocarse completamente en la competición automovilística.

Para ello, hizo sus primeros pinitos en carreras que congregaban coches de baja velocidad a partir de 1948 conocidos como Speedcar y que tenían lugar sobre óvalos de tierra. Para ello le acompañó un amigo que hacía de piloto, pero su esposa le pidió que abandonara la competición y ahí entró a la palestra Brabham.

Al principio no le llamaba mucho la atención eso de conducir y competir al mismo tiempo, pero luego le fue gustando. De hecho, ganó en su tercera competencia y se proclamó campeón de su país en varias ocasiones. Empezó manejando coches de montaña, pero su curiosidad por los circuitos fue creciendo. Fue un largo camino de siete años hasta que consiguió llegar a la madre de todas las competiciones del automovilismo: la Fórmula 1.

La temporada que el campeonato del mundo de F1 cumplía un lustro de vida se puede recordar también por el debut de Jack Brabham, que tuvo lugar en el Gran Premio de Reino Unido disputado en Aintree, cerca de Liverpool. Esto fue posible gracias a su asociación con John y Charles Cooper, propietarios de la empresa que lleva su apellido, quienes le dotaron de publicidad a su bólido Cooper-Bristol, así como Dean Dalamont, presidente del RAC británico que le convenció para trasladarse a Europa y competir en el viejo continente.

Sin embargo, su debut no fue precisamente el soñado, ya que tuvo que abandonar tras 30 vueltas por unos problemas en el motor. En aquellos tiempos, compatibilizó su puesto como piloto en dicha escudería con el de conductor del camión que transportaba a los vehículos de competición de Cooper. Con 29 años acababa de iniciar su andadura y no fue hasta 1958 (32 años) cuando empezó a competir con regularidad en las pruebas del mundial, algo impensable a día de hoy. Y es que en 1956 tan solo disputó una prueba con un Maserati 250F que era suyo y al año siguiente tan solo dos.

No obstante, en aquellos duros comienzos en el certamen más importante también competía en Fórmula 2 y en Resistencia, que sí le reportaron esos éxitos que se le resistían aún entre los grandes. Y es que el bueno de Jack se impuso en 13 carreras de F2 entre 1957 y 1960. Entre medias, una pequeña alegría con su cuarto puesto cosechado en el Gran Premio de Mónaco de 1958, aunque acabase a tres vueltas del vencedor.

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Consolidación entre los grandes

Su primera temporada completa en el mundial fue precisamente la de aquel 1958, que también significó sus primeros puntos con esa gran actuación en el Principado. Fue un espejismo, o una excepción que confirma la regla, ya que no disfrutó de más alegrías en aquel curso, de manera que finalizó en el puesto 18 de la clasificación de pilotos con tan solo 3 puntos en su casillero.

No obstante, y para su agradable sorpresa, todo iba a cambiar radicalmente para bien posteriormente. Entre los motivos que explican tal metamorfosis figura el motor de 2.500 centímetros cúbicos que vino a reemplazar al de 2.000 que llevaba hasta entonces, de manera que el Cooper ya gozaba de la potencia necesaria para sacarle todo el partido a su motor trasero. No tardó en mostrar la eficacia de aquel cambio, ya que en la carrera inaugural de Mónaco 1959 se impuso a sus rivales, como también lo hizo en la prueba de Gran Bretaña.

Su consistencia fue indiscutible, ya que a esos dos triunfos se unieron podios en Países Bajos (2º), Francia (3º) e Italia (3º), además de una cuarta plaza en la última cita de Estados Unidos. El bicampeonato no tardó en llegar, ya que en 1960 revalidó su corona, no sin dificultades eso sí. No consiguió puntuar en las dos primeras carreras de Argentina y Mónaco: en la primera se retiró por un problema en la caja de cambios y en la segunda fue descalificado. Se repuso de ambos golpes a lo grande, con cinco triunfos seguidos en Países Bajos, Bélgica, Francia, Reino Unido y Portugal.

Además, aquel curso también se lanzó a la aventura de las 500 Millas de Indianápolis, donde dejó su sello entre los americanos, ya que compitió con un pequeño monoplaza modificado sobre el que le llevó al bicampeonato, lo que sorprendió y mucho al público y a los equipos por la diferencia de proporciones entre los coches que acostumbraban ver y ese. Sin embargo, Brabham dio una lección ya que llegó a colocarse tercero durante la prueba, aunque finalmente pasó por meta en novena posición. Y es que ese día marcó el final de los monoplazas con motor delantero.

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Con vistas al futuro

Durante los años 1960 y 1961 continuó corriendo para Cooper, ya que la buena sintonía entre jefes y piloto continuaba, pero su cabeza estaba girando en torno a otra idea más ambiciosa de cara al futuro. La prueba de que su foco era otro fueron sus resultados, ya que no ganó ninguna carrera y ni siquiera pudo subir al podio.

¿Qué tenía en mente Brabham? Crear una empresa que desarrollase coches para equipos de Fórmula 1 llamada Motor Racing Developments, para lo cual se apoyó en el diseñador Ron Tauranac. Posteriormente, creó su propia escudería: Brabham Racing Organization.

Sin embargo, los coches no estaban a punto para las cinco primeras carreras, por lo que nuestro protagonista tuvo que disputarlas a bordo de un Lotus 24. Ya cuando el Brabham BT3 estuvo listo se puso a los mandos hasta el final de aquel 1962 y el resto de su carrera deportiva. Roma no se hizo en un día, y es que los comienzos del nuevo equipo fueron complicados a nivel deportivo, ya que solamente pudo firmar dos cuartos puestos en aquel citado curso.

Sin pausa pero sin prisa, en 1963 cosechó su primer podio en México, año en el que el monoplaza se mostró más competitivo y consistente con dos cuartos puestos en Francia y Estados Unidos y un quinto en Italia. Resultados que mejoraron los números del anterior ejercicio en la clasificación final con un séptimo puesto y 14 puntos, frente al noveno con nueve unidades. La tónica se iba a mantener durante el siguiente bienio antes de dar el golpe sobre la mesa en 1966.

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El hito

Como se ha comentado al principio del texto, Jack Brabham es el único piloto en la historia de este deporte capaz de haber ganado con un coche fabricado por él mismo. El año que se recordará para siempre por tal proeza es el de 1966, temporada en la que precisamente tuvo lugar un nuevo reglamento con motores de 3.000 centímetros cúbicos. Un nuevo coche que domina tras un profundo cambio normativo, ¿a qué os recuerda?

La astucia que tuvo Brabham a la hora de desarrollar el coche decantó la balanza hacia su favor cuando la gran mayoría de equipos no estaba preparada para lo que se avecinaba, con motorizaciones grandes, complejas y pesadas. El plan trazado consistió en hablar con la empresa australiana Repco para que desarrollasen un motor dotado de un bloque anticuado Oldsmobile junto a piezas que ya estaban hechas. Esto se iba a traducir, en principio, en unos monoplazas ligeros, baratos y fáciles de fabricar además de fiables.

La fórmula fue todo un éxito, con cuatro victorias consecutivas para Brabham que, a la postre, le reportaron su tercer título, que se vio rematado en la última cita de México con otro segundo puesto. Al año siguiente, sería su compañero Denny Hulme quien tocó la gloria gracias al buen hacer de la estructura. Tras esta gran época, solamente volvió a ganar una vez más, en el Gran Premio de Sudáfrica de 1970, que coincidió con su retiro. La razón fue que el motor Repco V8 se vio eclipsado por otros como el Ford Cosworth.

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Retirada y fallecimiento

Tras abandonar la competición como piloto, Jack Brabham rompió lazos con la F1 vendiendo sus acciones de la escudería a Tauranac y regresando a su Australia natal, donde vivió sus últimos días hasta 2014 cuando nos dejó a los 88 años. No obstante, recibió distinciones por su carrera, como cuando fue nombrado caballero por la reina Isabel II de Inglaterra en 1979. Un mito.

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