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¿Cómo evitar desgastar las pastillas de freno? En 10 (+1) claves

La seguridad es fundamental cuando nos subimos al coche y uno de los elementos que se responsabilizan de este aspecto son los frenos. Por ello, es esencial conocer cómo evitar el desgaste de las pastillas de freno.

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Si un coche no es seguro, lo mejor es no cogerlo. Así de sencillo. No obstante, con el paso del tiempo puede ir perdiendo su seguridad como consecuencia del desgaste que sufren en carnes propias los componentes que lo integran. Con todo ello, conviene conocer todo lo que se puede hacer para evitar que lleguen a su fin de manera prematura.

Los frenos son uno de ellos y, por tanto, hay que saber cómo darles el cuidado que merecen. No hay mejor motivo que este para dedicar la nueva entrada de TopDriverz a explicar cómo evitar desgastar las pastillas de freno. Para hacer la comprensión más fácil, vamos a dar 11 claves.

Descubre cómo evitar el desgaste de las pastillas de freno

Tras la introducción pertinente, es el momento adecuado para pasar a la acción e ir desgranando los tips necesarios para darle mimos a las pastillas de freno.

1. Conducción suave

Es el consejo más obvio que podemos darte por aquí, como ya hemos hecho en otros artículos similares. Conducir el coche con la misma delicadeza con la que tratas a tu pareja, o a tus seres queridos por lo general, ayuda a extender en el tiempo la vida útil de las pastillas de freno. Un frenazo a destiempo es de lo peor que les puedes hacer.

Así que aquí gana importancia el hecho de mantener la distancia de seguridad respecto al resto de vehículos que circulan por la vía y respetar los límites de velocidad establecidos en cada lugar de circulación.

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2. No mover el coche en punto muerto

En una pendiente descendente, la inercia hace que un vehículo vaya más rápido, lo que a su vez implica que la carga de frenado se verá incrementada en el momento de pisar el pedal del freno y, por extensión, un sobrecalentamiento de los frenos. Por tanto, en el supuesto caso de que te encuentres en esta situación, lo mejor es poner la marcha adecuada y reducir dicha carga mediante el freno motor.

Lo que también se puede hacer es frenar con la caja de cambios cuando el descenso es muy prolongado. Eso sí, hay que tener en cuenta que, si se quiere aplicar esto, hay que bajar una marcha a partir del momento en el que el motor haya bajado de las 2.000 revoluciones por minuto, así que hay que ser muy preciso para hacer esto bien.

3. Revisión periódica

A pesar de que no hay una cantidad universal de kilómetros sobre la que hacer una revisión, lo cierto es que conviene mantener controlado el estado de los discos y pastillas de freno echándoles un vistazo cada cierto tiempo. Cada coche y marca es un mundo, por lo que lo mejor es ver las indicaciones que proporciona el fabricante en este sentido.

Como referencia, se suele situar en torno a unos 20.000 kilómetros el umbral bajo el que hacer una revisión profunda de los frenos. Los discos, las pastillas y los latiguillos deben ser cambiados por ejes para asegurar que la frenada es equilibrada y que haya estabilidad. Los líquidos también han de ser reemplazados cuando ya llevan entre 1 y 2 años de antigüedad, aunque depende del tipo que sea y lo que diga el fabricante.

4. Emplear el freno motor

Ya lo hemos citado en el final del segundo consejo acerca de no mover el coche en punto muerto, pero conviene tratar este tema en profundidad. La técnica del freno motor consiste en dejar rodar por su propia inercia al coche, con una relación ya metida y sin necesidad de accionar el pedal del acelerador. Siempre que sea posible es aconsejable emplearla cuando se quiere reducir la velocidad.

5. El pedal del freno, solo para correcciones y detenciones finales

A colación de lo que se acaba de comentar, es importante saber también que el pedal del freno es correcto y “saludable” emplearlo en dos hipotéticos casos: cuando hay que hacer una corrección para que la velocidad sea acomodada y cuando hay que detenerse de forma definitiva ante un semáforo, paso de peatones o una señal de stop.

Con la primera de estas conductas, se consigue realizar un frenado progresivo que supone un mínimo desgaste del embrague y de la caja de cambios, así como de un consumo de combustible menor.

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6. Ante un sobrecalentamiento, pararse

Si por la razón que sea el sistema de frenado se ha sobrecalentado, lo mejor que se puede hacer es detener el coche en un lugar seguro y que no suponga ningún riesgo para ti ni para él. Mantener la estructura mecánica en reposo durante un tiempo ayuda a que su temperatura vaya descendiendo hasta alcanzar su temperatura normal y corriente.

Eso sí, ni se te ocurra recurrir al agua de manera directa para enfriar los discos, ya que puede mermar su funcionamiento, de manera que el poder del freno baje, que se atasque, que las ruedas se bloqueen y que lleven a cabo movimientos bruscos de un lado a otro.

7. Comprobar que están homologadas cuando se renuevan

En esa constante comprobación que hay que hacer de los componentes del coche, también se incluye cerciorarse de que las pastillas de freno disponen de la homologación correspondiente, que en este caso se marca con ECE R-90, lo cual quiere decir que cumplen con la normativa vigente en lo que a seguridad se refiere. Y es que montar unas pastillas que no están homologadas tiene como consecuencia que los frenos chirrien

8. Haz caso a lo que te dicen los testigos del coche

La gran tecnología que caracteriza a los modelos que suelen salir al mercado hoy en día permite que cuenten con un sistema de notificación acerca del desgaste de los frenos y un panel en el cuadro de instrumentos que informa con antelación de la situación. Por ello, si sientes que el pedal del freno está esponjoso o se va al fondo cuando lo accionas, es posible que haya burbujas de aire en el circuito hidráulico. Por ello, conviene llevarlo al taller.

9. Asesórate y elige los frenos que quieres

Las bondades en materia de seguridad de los vehículos de hoy en día, como las ayudas electrónicas que reciben las frenadas y la estabilidad no sirven de nada si las pastillas y los discos de freno no cuentan con la calidad suficiente ni aportan la seguridad que deben. Por tanto, conviene recibir una pequeña asesoría para conocer cuáles son los más idóneos para tu coche y elegirlos con conocimiento.

10. No echar mano de los lubricantes cuando crees que están mal, salvo uno

A diferencia de otras partes de la estructura mecánica de un vehículo, los frenos no necesitan ser engrasados, por lo que recurrir a aceites o grasas es muy nocivo para ellos, hasta el punto de que pueden quedar inutilizables y suponer un alto riesgo de accidente. El único que se puede emplear es la pasta de cobre, de forma que se aplica sobre la zona trasera de los forros antes de montarlos sobre la pinza.

Precisamente, a la pinza le conviene también esta sustancia, principalmente en el cilindro. De esta manera, los forros siempre se deslizan muy bien sin poner en apuros el efecto de frenado que se desea. Antes de montar el freno, se debe pulverizar el componente con el limpiador para que esté reluciente y, además, para asegurar que ninguna adherencia o sustancia ajena afecte negativamente al funcionamiento de los frenos.

11. Saca el coche con frecuencia

La inactividad de un vehículo no solamente afecta a la batería, como ya vimos en un artículo anterior, sino que también hace lo propio con el sistema de frenos. Y es que no pueden aportar ninguna protección frente a los óxidos, de manera que cuando pasan muchos días desde que coges el coche por última vez hasta que lo vuelves a hacer los discos de freno se ven “atacados”.

El grosor del material y la instalación resistente a la lluvia controlan la oxidación meridianamente. Sin embargo, la humedad es ya un factor de por sí muy decisivo que causa a gran velocidad la aparición de manchas de óxido en el disco de freno que se encuentra desnudo. Los forros, cuando se pisa el freno con regularidad, hacen que se limpie de forma permanente con la fricción, por eso lucen tan relucientes. De nada sirve que las pastillas no se desgasten si sus socios no gozan de buena salud para cumplir con su función.

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¿Cuánto cuesta cambiar las pastillas de freno?

Por lo general, la horquilla de kilómetros en la que ya hay que buscar unas sustitutas a las pastillas de freno comprende los 50.000 y los 60.000 kilómetros, si se han tratado de forma adecuada. Tras haber recorrido junto a ellas esa distancia comprendida, es conveniente asumir los 200 € de sustitución que, de media, implica este componente.

Eso sí, la cantidad exacta se sujeta a varios factores, como el taller, la provincia donde estés, la marca y el tipo de pastilla que se trate, el modelo que sea tu coche y los discos de frenos que incorpore. También es importante recordar que, como ya se ha dicho sobre la revisión periódica, las pastillas y los discos se cambian por ejes.

Nuestras protagonistas no se desgastan por igual, así que una vez habrá que cambiar unas y después las otras, de ahí que el coste varía como se acaba de comentar en el párrafo previo. Lo que no es negociable es que cuando se cambian los frenos, las pastillas han de seguir el mismo camino.

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